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Subject: [redesastres-l] El cambio climático, la mayor amenaza del siglo XXI
Date: Mon, 04 Jan 2016 12:57:38 -0600
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El cambio climático, la mayor amenaza del siglo XXI
La acidez de la superficie de los océanos ha aumentado ya un 30%
Guillermo de la Dehesa 3 ENE 2016 - 00:47 CET
La NASA (National Aeronautics and Space Administration) de Estados 
Unidos (2015), en un importante gráfico, que comienza hace 650.000 años 
y termina en 1950, mide la evolución que ha tenido el dióxido de carbono 
en la atmósfera terrestre. Este ha sufrido siete ciclos de avances y 
retrocesos. Según dicho gráfico, hasta hoy, nunca se había acumulado 
tanto dióxido de carbono en la atmósfera al haber alcanzado ya más de 
400 partículas por millón.
Muestra que hace 450.000 años, subieron a 282 partículas por millón, 
cayendo a 179 por millón hace 315.000 años; subieron a 289 partículas 
por millón hace 340.000 años, cayendo a 180 por millón hace 270.000 
años; subieron hasta 275 por millón hace 240.000 años, cayendo hasta 179 
por millón hace 170.000 años; subieron hasta 285 por millón hace 140.000 
años, cayendo de hasta 178 por millón, hace 30.000 años. Hoy alcanza ya 
la cifra record de 402,23 partículas de dióxido de carbono por cada 
millón y además, esta última subida, que comenzó hace 7.000 años, ha 
sido también la más rápida en los últimos 650.000 años.
Sin embargo, es gracias al cambio climático que los humanos vivimos en 
la tierra ya que el fin de la última edad de hielo, hace 7.000 años, fue 
la que ha marcado el comienzo de la era climática que ha posibilitado el 
desarrollo de la civilización humana. La mayoría de estos cambios 
climáticos ha sido debida a variaciones de la órbita terrestre que han 
ido modificando la cantidad de energía solar que recibe nuestro planeta. 
La mayor parte de la subida tan rápida de la temperatura actual ha 
estado inducida o producida por los seres humanos, muy especialmente a 
partir de 1880. Pero la mayor fase de recalentamiento de la atmósfera 
comenzó en 1970, siendo sus años más cálidos a partir de 1981 y estando 
los últimos 12 años entre los 10 más calurosos de la historia. Aunque 
entre 2007 y 2009 disminuyó el calor de forma inusual, sin embargo, la 
temperatura de la superficie de la tierra continuó aumentando.
más información
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100 años
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La base científica que ha utilizado la NASA para explicar estos 
fenómenos son los instrumentos satelitales que ha ido lanzando al 
espacio orbitando alrededor de la Tierra durante muchas décadas, 
observando regularmente los aumentos de los gases de efecto invernadero. 
En el último siglo, el nivel del mar subió 17 centímetros pero ahora 
sigue subiendo a velocidad creciente. Por ejemplo, entre 2002 y 2006, 
Groenlandia perdió 250 kilómetros cúbicos de hielo y la Antártida otros 
152 kilómetros cúbicos y hoy continúan perdiéndolo a un ritmo todavía 
superior. Los glaciares están reduciendo rápidamente su tamaño en todo 
el mundo, desde los Alpes al Himalaya, desde los Andes a las Rocosas y 
desde Kenia a Alaska y además, la acidez de la superficie de los océanos 
ha aumentado ya un 30%, a pesar de que la superficie de los océanos está 
absorbiendo hoy más de 2.000 millones de toneladas de óxido de carbono 
al año.
Los países o regiones más grandes son los que más contaminan en términos 
de emisión de gases invernadero. Los diez países o regiones que más 
emiten y que responden del 75% del total son: China, con un 24,5% del 
total; EE UU, con un 14,4%; la UE con un 10,2%; India con un 10%; Rusia, 
con un 5,4%; Japón con un 3,1%; Brasil, con un 2,3%; Indonesia, con un 
1,8% y México e Irán con un 1,7% cada uno del total. En términos de 
emisiones por habitante, EE UU y la UE son los que más emiten.
Asimismo, el creciente calentamiento de la atmósfera produce cada vez 
más deforestación, degradación de los bosques e inhabilitación de los 
terrenos fértiles, especialmente en aquellos países más pobres y con 
menores medios para poder detenerlo, haciendo más difícil la resolución 
de este grave problema. Aunque la acidificación es un fenómeno diferente 
del cambio climático, está también causada por el CO2. Además, los 
océanos contienen más de 50 veces más CO2 que el que contiene la 
atmósfera, haciendo que estén también acidificados. Desde la Revolución 
Industrial los océanos han aumentado su acidificación en un 30% y se 
estima que, al final de este siglo, el CO2 de los océanos alcance 150%.
Gernot Wagner y Martin L. Weitzman (2015), dos economistas muy 
importantes dedicados también al estudio de los problemas del cambio 
climático, estiman que aunque los economistas no suelen tomar posiciones 
morales, como hacen los filósofos, sin embargo saben hacer la distinción 
entre errores de Tipo 1 y de Tipo 2. El primero es cuando se actúa, 
cuando no hay necesidad de hacerlo, o cuando se actúa erróneamente. Es 
decir, es un error de comisión. El segundo es cuando no se actúa siendo 
necesario hacerlo o se actúa de forma incorrecta. Es decir, un error de 
omisión. Estos dos tipos de errores son mucho más graves en el caso del 
cambio climático actual, al ser un problema global, a largo plazo, 
irreversible e incierto.
Según ambos economistas, el impacto del cambio climático va a ser muy 
grave, pero es más incierto cuándo o cómo tendrá lugar. Además, existen 
intereses muy poderosos que están muy invertidos en el “status quo” que 
hacen todavía más difícil formular las soluciones más adecuadas. A esto 
hay que añadir las cuestiones morales en cuanto a los llamados errores 
de comisión frente a los errores de omisión, con lo que aplicar la 
solución correcta es todavía más difícil. El famoso “dilema ético del 
tranvía”, de Judith J. Thompson (1976) y Peter Unger (1996) nos enseña 
que no actuar es menos grave que cometer errores al actuar. Además, los 
políticos, que son los que más deciden, son muy sensibles a que “les 
puedan echar la culpa”, si toman este tipo de decisiones.
Pero, para Wagner y Weitzman, los errores de comisión no pueden 
considerarse mucho peores que los de omisión, dado que el tamaño del 
problema es también enorme ya que, en el cambio climático, se pueden 
salvar no miles, sino millones de vidas. La ciencia muestra que hay que 
tomar decisiones cuanto antes. Lo que ya sabemos nos empuja incluso más 
lejos, dadas las pérdidas masivas tanto de vidas como de medios de vida. 
Aplicar una tasa o precio al dióxido de carbono de, al menos 50 dólares 
por tonelada, sería un primer paso en la buena dirección.
No hay tiempo que perder para aplicar políticas eficaces cuanto antes 
para evitar un riesgo de omisión grave. No hay que olvidar que los 
“efectos invernadero” se descubrieron en 1824, se mostraron en 
laboratorio en 1859 y se cuantificaron en 1896 y que el término 
“calentamiento global” es de 1975. Según ambos economistas no hay tiempo 
que perder, ya que utilizar la atmósfera como “alcantarilla de las 
emisiones de carbono” no es ni económico, ni ético y muy peligrosos. No 
actuar ahora es, no sólo un error de omisión, sino también de comisión e 
incluso de “ceguera voluntaria”.
Además, si no se actúa cuanto antes, se estima que los grados 
centígrados de la temperatura de la tierra aumentarán en 4,5 en 2100. Si 
continúan las políticas actuales aumentarán 3,6 grados, y si se actúa 
por lo decidido en la Cumbre de París aumentarán en 2,7 grados. Los 
pronósticos de los expertos del IPCC (2015) sobre la subida del nivel 
del mar en 2100, (de no tomarse medidas inmediatas) oscilan entre un 
mínimo de 60 centímetros y un máximo 120. Otros científicos han estimado 
150cm e incluso 200cm, habiendo subido sólo 20cm en el siglo XX. Subidas 
de metro y medio o dos metros del nivel del mar supondrían que muchas 
ciudades y zonas costeras pudieran llegar a desaparecer, parcial o 
totalmente, en muchos países del mundo.
Marshall Burke, Salomon Hsiang y Edward Miguel en la revista Nature 
(2015) han demostrado que no existe una relación lineal entre 
productividad y temperatura. Los años más cálidos de lo normal 
benefician el mayor crecimiento de los países, sean desarrollados o en 
desarrollo, y en actividades agrícolas y no agrícolas, hasta que la 
temperatura anual supera los 13 grados centígrados, tras la cual actúa 
en contra del crecimiento. En Brasil, por ejemplo, un aumento de 3 
grados centígrados sobre dichos 13 grados lleva a una caída del 3% del 
PIB. Los países que están situados en la parte más fría del óptimo 
crecen más en los años más calurosos y lo contrario ocurre en América 
Latina y Australia, que viven en la parte más calurosa del óptimo, 
creciendo más en los años más fríos.
Según la Environmental Protection Agency (EPA) de EE UU todo va a 
depender de cómo los glaciares y las capas de hielo respondan al cambio 
climático. Sus modelos predicen que dos grados más Farenheit de 
calentamiento reducen un 15% del hielo del Ártico y el 25% del área 
cubierta por el Ártico a finales del verano, aumentando todavía más los 
niveles de los océanos. Cuanto antes se actúe de forma contundente, 
mejor.
Guillermo de la Dehesa es presidente honorario del Centre for Economic 
Policy Research (CEPR) de Londres.
http://economia.elpais.com/economia/2015/12/29/actualidad/1451382596_572425.html
August 15, 2020. Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria, webmaster@censa.edu.cu .