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Subject: [redesastres-l] Uso responsable de antibioticos 2
Date: Wed, 16 Dec 2015 18:13:08 -0500
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Transferencia de resistencias: de la granja al hospital
jueves 26 de noviembre del 2015, 17:04h
ALBEItar
De la misma manera que los antibióticos son productos metabólicos que  
producen algunos microorganismos en la naturaleza, las resistencias  
antimicrobianas son un fenómeno natural que permite sobrevivir a  
aquellas poblaciones bacterianas que las desarrollan.
Lourdes Migura García
Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA)
Centre de Recerca en Sanitat Animal
Se puede decir que Alexander Fleming cambió el curso de la historia en  
1928. Su descubrimiento de la penicilina para el tratamiento de  
enfermedades infecciosas supuso el inicio de la aplicación de los  
antimicrobianos tanto en sanidad humana como en sanidad animal. A  
partir de entonces, se fueron descubriendo diferentes moléculas con  
propiedades antimicrobianas. A lo largo del último siglo se han  
desarrollado 19 tipos de antimicrobianos. Algunas de estas moléculas  
se han ido modificando a lo largo de los años, como es el caso de la  
penicilina, dando lugar a penicilinas sintéticas o semisintéticas, que  
forman actualmente la familia de los antimicrobianos betalactámicos.
La resistencia y su transmisión
De la misma manera que los antibióticos son productos metabólicos que  
producen algunos microorganismos en la naturaleza, las resistencias  
antimicrobianas son un fenómeno natural que permite sobrevivir a  
aquellas poblaciones bacterianas que las desarrollan. En muchas  
ocasiones, los genes de resistencia se encuentran en elementos  
genéticos móviles, como pueden ser los plásmidos, que se movilizan y  
transfieren entre especies bacterianas, colaborando en la difusión de  
dichos genes. Cabe añadir que determinados ambientes selectivos, como  
los hospitales, donde se ejerce mucha presión por el continuo uso de  
antimicrobianos, favorecen la evolución genética y potencian la  
transferencia de genes de resistencia entre especies bacterianas. Este  
fenómeno da lugar a nuevos patrones de resistencia, tanto en  
microorganismos comensales como en patógenos y hace que enfermedades  
hospitalarias causadas por microorganismos oportunistas, también  
llamadas enfermedades nosocomiales, presenten resistencias a  
antibióticos críticos para la salud humana. Casi un siglo después del  
descubrimiento de la penicilina, el desarrollo de nuevas sustancias  
antimicrobianas prácticamente ha cesado y el armamento terapéutico con  
el que contamos para combatir enfermedades nosocomiales  
multirresistentes es muy limitado.
Sin embargo, no es solo la medicina humana la que favorece la  
aparición de resistencias (ver figura). Durante las últimas décadas,  
el uso de antimicrobianos en producción animal, tanto para el  
tratamiento de infecciones como para mejorar el rendimiento metabólico  
de estos y, por tanto, favorecer su crecimiento, ha promovido el uso  
excesivo de estas sustancias. Hay que tener en cuenta, que los  
antibióticos usados en medicina veterinaria son de estructura similar  
a aquellos utilizados en medicina humana y, por tanto, la aparición de  
bacterias resistentes en animales destinados al consumo puede suponer  
un factor de riesgo para la salud humana. Al fin y al cabo, “somos lo  
que comemos” e ingiriendo alimentos que contienen bacterias  
resistentes, sometemos a nuestra microbiota intestinal al riesgo de  
adquirir resistencias. Además, el intestino constituye el lugar ideal  
por sus características fisiológicas para la transmisión de  
resistencias entre microorganismos y aunque limitados, existen  
diversos ejemplos que ilustran claramente esta premisa y que se  
exponen a continuación.
Entornos que contribuyen con su pool de genes de resistencia a la  
transmisión de multirresistencias. Aquellos en los que se encuentran  
los humanos están representados en verde, mientras que los que son de  
animales destinados al consumo están en rojo. Las flechas azules  
indican el uso o la presencia de antibióticos en cada entorno  
específico. El tamaño de las flechas es proporcional a la presión  
selectiva de los fármacos (azul) o al número de estudios que  
demuestran transmisión de resistencias (negro). Flechas segmentadas  
indican una posible transmisión de bacterias resistentes entre dos  
entornos, pero esto aún no está bien demostrado (Seiffert et al., 2013).
Enterococos resistentes a vancomicina
Enterococcus faecium y Enterococcus faecalis son bacterias comensales  
del intestino de humanos y animales. Durante las últimas décadas, se  
ha registrado un aumento de las infecciones nosocomiales causadas por  
dichas bacterias que pueden desembocar en una bacteriemia o una  
endocarditis y ocasionar la muerte del paciente. Además, los  
enterococos son intrínsecamente resistentes a un gran número de  
antimicrobianos. La combinación de aminoglucósidos con  
desestabilizadores de la pared celular bacteriana, como betalactámicos  
o vancomicina, es la más utilizada para su tratamiento. Sin embargo,  
la emergencia de enterococos resistentes a vancomicina ha dejado la  
medicina humana sin demasiadas opciones para su tratamiento. Por esta  
razón a E. faecium, Staphylococcus aureus, Klebsiella pneumoniae,  
Acinetobacter baumannii, Pseudomonas aeruginosa y especies de  
Enterobacter, se les han denominado patógenos “Eskape”, puesto que  
causan el mayor número de infecciones hospitalarias y practican el  
“escape” al efecto antibacteriano (Rice et al., 2008). No obstante, E.  
faecium resistentes a vancomicina (EFRV) no solo emergieron en los  
hospitales. En 1993, Bates et al. (1993) detectaron por primera vez  
EFRV en granjas del Reino Unido. Posteriormente, se asoció la  
presencia de dichas resistencias a la utilización de avoparcina  
(sustancia análoga a la vancomicina) como factor de crecimiento en  
animales de producción (Bager et al., 1997). Distintos estudios han  
demostrado la transmisión in vivo de genes de resistencia a la  
vancomicina entre E. faecium de origen animal y E. faecium de origen  
humano a través de alimentos de origen animal (Lester et al., 2006).  
Aunque en general las cepas causantes de enfermedades nosocomiales no  
son genéticamente similares a las cepas de origen animal, en ocasiones  
los genes de resistencia y los elementos genéticos móviles que les  
facilitan la movilidad de unas cepas a otras sí lo son y hay algunos  
estudios que han descrito clones similares aislados de animales de  
granja e infecciones del tracto urinario (Freitas et al., 2011).
Patógenos gramnegativos
Otro caso similar ocurre con microorganimos gramnegativos como  
Escherichia coli que en los casos en los que causan infecciones  
hospitalarias graves, se tratan con cefalosporinas de tercera y cuarta  
generación. Las cefalosporinas pertenecen a la familia de los  
betalactámicos, son de última generación y la Organización Mundial de  
la Salud los ha clasificado de importancia crítica para la salud  
humana. Sin embargo, en las últimas dos décadas se ha registrado un  
rápido aumento de las infecciones causadas por cepas resistentes a las  
cefalosporinas debido a la producción de enzimas denominadas  
betalactamasas de espectro extendido (BLEE) o AmpC mediadas por  
plásmidos (pAmpC). A su vez, múltiples estudios han demostrado la  
presencia de microorganismos de las familia Enterobacteriaceae (E.  
coli y Salmonella, principalmente) resistentes a cefalosporinas en  
animales destinados al consumo y alimentos de origen animal (Hasman et  
al., 2005; Mollenkopf et al., 2011). En medicina veterinaria, existen  
dos cefalosporinas de tercera y cuarta generación autorizadas para su  
uso, que probablemente han potenciado la generación de cepas  
resistentes en ganadería. En general, gracias a la caracterización  
molecular, los resultados de la mayoría de los estudios indican que  
bacterias aisladas de humanos y de los animales destinados al consumo  
comparten similitudes en los genes de resistencia a cefalosporinas y  
en los plásmidos que los transportan. Además, algunos clones causantes  
de enfermedades nosocomiales son filogenéticamente similares a los  
encontrados en animales. Esto demuestra que algunos microorganismos  
pertenecientes a la microbiota bacteriana de animales, o bien sus  
plásmidos y genes de resistencia, son capaces de transmitirse a cepas  
humanas que posteriormente, pueden causar una enfermedad nosocomial.
Así como la emergencia de E. coli resistentes a cefalosporinas en  
animales se ha relacionado con el uso de esta familia de  
antimicrobianos en ganadería, existe actualmente el grave problema de  
las enfermedades nosocomiales causadas por bacterias gramnegativas  
resistentes a los carbapenémicos, especialmente E. coli, K.  
pneumoniae, Pseudomonas spp. y Acinetobacter spp. Los antibióticos  
carbapenémicos son de uso exclusivo en sanidad humana y en contadas  
ocasiones se han encontrado cepas resistentes en animales de consumo.  
En este caso, su emergencia y rápido aumento está ligado tanto al uso  
excesivo y presión selectiva de los ambientes hospitalarios, como a  
que en muchos casos los genes de resistencia a carbapenémicos son  
transportados en plásmidos transferibles entre distintas especies  
bacterianas, facilitando su dispersión.
SARM
Finalmente, mencionar las infecciones nosocomiales causadas por S.  
aureus resistentes a la meticilina (SARM). Fue en los años 60 cuando  
se describieron los primeros casos en pacientes hospitalizados. A  
partir de entonces, una vez más, la incidencia de infecciones causadas  
por dichos microorganismos ha ido en aumento. Recientemente,  
diferentes estudios llevados a cabo en diversos países, han demostrado  
que el ganado, y en particular, los cerdos, son una fuente de SARM  
responsables de infecciones de la piel y partes blandas en humanos.  
Dichos estudios ponen de manifiesto el riesgo potencial de  
colonización y transmisión de infecciones invasivas causadas por cepas  
multirresistentes de SARM de secuencia-tipo (ST) 398, de origen  
porcino a individuos que trabajan en contacto directo con los  
animales, como por ejemplo granjeros, trabajadores del matadero o  
veterinarios (Aspiroza et al., 2012). Este contacto directo entre  
humanos y animales, facilita la transmisión de bacterias entre unos y  
otros, es decir, del cerdo al granjero y viceversa, y presumiblemente,  
el uso de antimicrobianos favorece la emergencia y proliferación de  
las cepas resistentes.
La resistencia antimicrobiana es una cuestión de “Un mundo, una salud”
En general, los animales destinados al consumo son un reservorio de  
cepas bacterianas resistentes a antimicrobianos. Sin embargo, es  
importante resaltar que las infecciones hospitalarias asociadas a  
cepas animales son una minoría. Lo que sí es real, es que existe un  
riesgo de transferencia y colonización tanto de la granja al  
consumidor, como de la granja al trabajador (ver figura). Las  
resistencias antimicrobianas son un claro ejemplo del concepto “un  
mundo, una salud”, ya que recíprocamente afectan a humanos y a  
animales. Por esta razón, se necesita realizar un esfuerzo conjunto  
que combine estudios de investigación a gran escala que incluyan tanto  
la sanidad humana como la sanidad animal. Dichos estudios deberían  
estar diseñados para comprender mejor los mecanismos y los factores de  
riesgo que contribuyen a la emergencia y transmisión de resistencias  
antimicrobianas. Además, deberían estar armonizados para conseguir una  
correcta interpretación de los resultados epidemiológicos con el fin  
de implementar medidas estratégicas que reduzcan la aparición y  
transferencia de resistencias antimicrobianas entre los diferentes  
entornos.
Bibliografía
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October 21, 2020. Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria, webmaster@censa.edu.cu .